CAMILE
—Necesitamos hablar… —fueron las palabras que escuché, quedándome tiesa en el mismo sitio donde me encontrada de pie, intentando abrir el coche—. Necesito que me escuches unos minutos, Camile —volvió a decir y cerré los ojos sin voltearme a verlo.
Mis dedos comenzaron a reaccionar y abrí la puerta del coche con mucha dificultad. Necesitaba marcharme de allí antes de cometer una estupidez. Necesitaba estar lo más lejos posible de ese hombre, antes de que me convenciera de hacer todo lo que él quisiera. Sin embargo, su enorme mano se aferró a mi brazo, tirándome con fuerza para que no lograra mi cometido.
—¡Suéltame! —grité, pero él no cedió...