HENRY
Cuando el maldito problema que no podía dejar de atender en la empresa, por fin se resolvió, conduje directo hacia el hospital para ver a mi hijo y a Camile. Mi madre había avisado que iría a pasar la tarde con ella y trataría de convencerla que fuera a la casa un momento a cambiarse y alimentarse un poco. Se negaba a dejar solo al pequeño y solo ingería café para estar despierta por si a nuestro hijo se le ofrecía algo.
Suspiré, pensando en el momento de ayer, cuando le pregunté si podíamos intentarlo de nuevo. Al momento que acunó mi mejilla y sonrió como lo había hecho...