CAMILE
—Eso explica algunas cosas… —replicó—. ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? Si las cuentas no me fallan, tenías dos meses de embarazo cuando te pedí que te casaras conmigo.
—¿Recuerdas cuando te hice prometer que, al terminar todo el problema de la empresa, me harías tu esposa?
—Cómo olvidarlo… fue uno de los días más felices de mi vida —respondió con nostalgia.
—Creí que ese deseo se cumpliría y deseaba que fuera mi regalo de bodas. Cuando me pediste matrimonio en Palm Beach, pensé que había acertado y que la noticia, sería un gran obsequio. Pero todo terminó mal y yo fui a parar a aquel lugar,...