HENRY
—¡¿Pero que ven mis ojos?! —dije separándome de él, y mirando cómo había cambiado—. Vaya que has estado comiendo —lo pinche. Y es que no era para menos; Zac había crecido demasiado corporalmente. A leguas se notaba que le había sacado el jugo a su gimnasio.
—Tanto tiempo, Rick —fue lo único que atinó a decir, camuflando con una sonrisa su preocupado rostro.
—Sí, amigo. Ha pasado mucho tiempo. Cuando regresé, pregunté por ti, pero me habían dicho que estabas en Barcelona y no me supieron dar razón de dónde encontrarte, o de algún teléfono para contactarme. ¿A qué diablos fuiste a España? —Zac desvió sus ojos hacia mi...