HENRY
—Inventarás cualquier estupidez para tenerme aquí, ¿cierto? —frunció el ceño, descolocándome por entero. No me creía—. Está bien, tú ganas. Viviré en tu maldita casa, pero ahórrame la vergüenza de compartir el mismo espacio que ustedes dos. No sabes lo humillante y decepcionante que es para mí, imaginarme que al mismo tiempo que conmigo, hacías el amor a ella…
Iba a corregirla y hacerle entender que estaba equivocada, pero ella abrió la puerta del coche y se metió sin más. Si no la saqué de nuevo a rastras para que me escuchara, fue porque el niño despertó en ese momento y se aferró al cuerpo de su madre, quien...