El molesto sonido de la puerta me hizo abrir los ojos, con mucha pereza porque justo como estaba me sentía de maravilla.
Lo primero que noté fue que estaba en una habitación mucho más grande que la mía, lo segundo fue el cálido brazo que me rodeaba la cintura y que tiró de mí para pegar mi espalda a su pecho. Un escalofrío me recorrió el cuerpo con esa acción.
No porque hubiera olvidado en donde me había quedado dormida, lo fue porque solo entonces fui consciente del dolor en varias partes de mi cuerpo que me causaban una sonrisa de recordar cómo se había causado.
En definitiva había superado...