Respiro mientras me dejo caer en la silla de metal. La sala de espera está llena de mujeres embarazadas,la mayoría de ellas tienen su estómago inflado igual a una patilla. Mis nervios son más potentes ahora que veo la puerta dónde entra cada mujer y sale feliz con una fotografía pequeña en sus manos. Carolina a mi lado, anda parloteando sobre mi embarazo y lo feliz que está. Ha pasado una semana desde que supimos, una semana desde que me he sentido tan mal pero a la vez tan bien por este pequeño o pequeña ángel que crece en mi vientre. Mis padres aún no están al tanto de ello...