Lucas no solo no soltaba mi mano, entrelazó nuestros dedos para que no fuera a soltarlo en ningún momento en los que sus pasos nos llevaban de vuelta al hotel. Una punzada de nerviosos vino a contrarrestar la oleada de calor que me inundaba el cuerpo cuando salimos del bar.
Sabía lo que mis palabras habían causado, lo que acababan de desencadenar, y no sabía si eso era especialmente bueno o iba a ponerle un punto final a lo que fuera que había pasado. Me sabía mal pensarlo, darle vueltas a cada paso, pero no podía apartar del todo lo que tal vez me sucedería lo mismo que a las...