Héctor
Me encanta lo cómodos que estamos. Son momentos como este los que resucitan mi esperanza de que las cosas van mejorando. De que mis súplicas están dando resultado. Le debo mucho a Conrado.
—Te quitó el collar. —Menciona.
—¿Cuál? —Mi mano no puede dejar de recorrer su piel, intentando relajarla con mi toque.
—El tuyo favorito. —Susurra, y mi mano se detiene.
—Te conseguiré uno nuevo. —Lo haré, después de matarlo.
—No será lo mismo. Me lo compraste en tu viaje de negocios. Y nos conocimos después de una semana. Sé que suena estúpido, pero significaba mucho para mí.
No tenía ni idea de lo mucho que le gustaba...