Eva
Me quedé dormida por agotamiento, pero no porque quisiera.
Abro los ojos esperando ver la mañana, pero no parece ser por la mañana en absoluto.
Las persianas están cerradas frente a mis ventanas y la habitación está empapada en luz tenue. Siempre duermo con ellas abiertas, para que si Emilio y la alarma fallan, todavía tenga a la madre naturaleza para despertarme.
Al girarme en la cama, encuentro a Emilio durmiendo, con su pata sobre mí como un brazo protector. Mis ojos siguen el patrón de su respiración y una calma extraña llena mis pulmones, como una bocanada de aire fresco.
Emilio no me ha dejado. Incluso cuando estaba...