Eva
Su honestidad me obliga a hablar sobre lo que gira dentro de mí. Especialmente cuando anoche mencionó que está aquí como mi mejor amigo.
—Voy a caer en la oscuridad, Héctor. No... no puedo llegar allí. No sabes cuánto sobrepienso y me culpo... —Las palabras se me ahogan en la garganta.
De repente, sus manos están en mi rostro, y alinea nuestras miradas.
—No fue tu culpa. Lo que ese idiota hizo está en su conciencia. No la manches haciendo excusas. No hiciste nada mal.
Me da una mirada decidida y continúa,
—No eres una cualquiera. Puedes salir, salir con los hombres que quieras, hacer lo que quieras, igual...