Héctor
Cuando el auto se detiene, mi corazón late con ansiedad y mis pulmones se llenan de tanto aire que respirar deja de ser una opción.
Estoy demasiado nervioso para entrar, y mucho menos para hablar con Eva.
Tan decidida como una persona con una misión, Eva Melgren es una mujer tenaz, y soy muy consciente de esa peculiaridad. Una de las muchas cosas que me atrajeron de ella.
Su chispa arde de manera diferente a las demás, o tal vez solo yo la veo como extraordinaria en un mundo lleno de gente común.
—¿Entonces vamos a quedarnos aquí todo el día o vamos a entrar? —pregunta Conrado mientras miro...