Eva
—¿Dónde me llevas? —pregunto mientras observo las calles, buscando alguna pista.
—Es una sorpresa. —Héctor sonríe un poco.
—Podrías darme una pista. —Digo, insistente.
—No. —Con una mano gira a la izquierda y con la otra toma mi mano, llevándola sobre su regazo. Sus dedos llenan los espacios entre los míos y me agarra con fuerza. Bien. Porque no quiero que me suelte nunca.
—Eres un provocador. —Resoplo, hundiéndome de nuevo en el asiento.
—Eso no era lo que decías anoche, cariño.
El calor se acumula en el fondo de mi estómago mientras los recuerdos juegan en mi cabeza.
—Tienes razón. Estaba ocupada dándote una mamada.
Él suelta una...