Eva
Agachándome a su altura, coloco mis manos sobre su rostro y le acaricio los costados lentamente, intentando hacerlo sentir seguro.
—Todo está bien. Estoy bien. No te preocupes —hablo tan suavemente que solo mi perro sobreprotector puede oírme.
Con un ladrido, pone su pata sobre mi hombro y luego su cabeza.
Lo abrazo, rodeándolo con mis brazos y acariciando su suave pelaje. Ha estado perdiendo mucho pelo últimamente y tuve que llevarlo al veterinario para unas inyecciones contra la alergia.
—Estaré bien. Relájate —le aseguro antes de alejarme y hacerle una señal a Yesenia para que lo llame.
Emilio duda en irse, pero lo beso y luego le toco...