Eva
Me quedo dormida y despierto en una oscura tarde. Tropiezo fuera de la cama, bajo las escaleras y no veo a Héctor por ninguna parte.
Alcanzando mi teléfono que está sobre la mesa de café, lo llamo, pero la señal es baja.
Paso de una habitación a otra, lo busco, pero su figura alta no está por ningún lado.
La preocupación me aprieta el corazón con fuerza, siento que me asfixio.
—¿Ya te levantaste?— Me doy vuelta y lo veo salir por la puerta trasera.
Me levanto rápidamente y corro hacia él, evaluando su cuerpo con mis ojos frenéticos, buscando cualquier señal de heridas.
—Eva...
—Me preocupé porque no...