—¡Gracias, mi vida, por tu comprensión! —susurró Yves, rozando sus labios, con el pecho de él, el cual acariciaba por dentro de su camisa desabotonada.
—No te comenté nada de esto antes, porque andábamos muy preocupados con el asunto de los vómitos, por el embarazo de Abryl —aseguró Donald.
»Después vino lo del parto y en fin, se me había hecho difícil hablar contigo, sobre esto —agregó él, demostrándole con sus gestos y actitud que estaba con ella.
—¡Te entiendo! —Contestó ella, con una voz tierna.
—Imagino, que Venus, como está a punto de iniciar una nueva vida junto a su futuro esposo, desea enmendar todos los errores de su...