«¿Será que se divorció de mí y no me he dado cuenta?», pensó Yves esperando siempre lo peor de parte de Donald.
—Llamaré a Rachel para que me averigüe esto —dijo ella para sí misma en voz alta. Y marcó el número de su amiga.
—¡Aló! ¿Rachel? —inquirió ella.
—Sí, Yves ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? —preguntó aquella emocionada al escuchar la voz de su amiga.
—¡Muy bien Rachel! Te estoy infinitamente agradecida, como a Dios por haberme puesto a Louise en el camino es una mujer extraordinaria —agradeció ella emocionada.
—Me alegro, por ti. Al fin, que te mereces encontrar la felicidad —agregó esta con una voz melódica.
—¡Bueno,...