En la mansión de Robert Evans
Laila estuvo un buen rato visitando a Robert, pero como tampoco se llevaba bien con su esposa Karly, decidió irse en un taxi. Al quedar solos en la habitación los hermanos, Donald abrió su corazón, confesándole a este todo lo que había vivido hasta ahora con sus hermanas.
—¿Cómo es posible Donald, que se hayan atrevido a tanto? ¿Qué pretendan casarte con Laila? Yo creo que ni ahogado con el alcohol buscaría tener algo, ¡con la caprichosa esa! —exclamó totalmente disgustado Robert.
—He sido bastante paciente con ellas en algunos casos, pero en otros no, me tienen harto, estoy muy decepcionado de ellas.
»Llegaron...