Después de esa primera entrega, Donald se quedó abrazado a Yves, sintiendo la calidez y la suave fragancia de su piel. Él estaba concentrado en su aroma cuando recordó de repente algo que le compró. Debido a esto, extendió su brazo hacia la mesita de noche, tomó una caja de regalo y se lo entregó a ella.
—Esto es tuyo, me disculpo por no habértelo entregado antes pero entre los problemas de la empresa mis hermanas y la salud de mi hermano, se me había pasado por alto. Igual que esto —tomó también de la mesita de noche, una tarjeta negra de crédito.
—Te acepto el celular, pero la tarjeta...