Donald de pie, frente a Rose con una mirada fría, fulminante, la intimidó y le mostró una arrogancia como nunca antes.
—Eso mismo, te puedo decir yo. He venido varias veces a buscarte, pero nunca estas. Te he dejado mensajes y nunca he recibido una respuesta —comentó él con un tono de voz sarcástico e irónico.
—He tenido mucho trabajo ¡Ajá! Pero dime ¿Ya regresó Yves?
—Sí —afirmó él con tanta seguridad que ella le creyó.
—Me alegró por ti, por ella y por el bebé —respondió Rose llevándose enseguida su mano a la boca.
—¿Por qué te tapas la boca? Ya sé que estamos esperando un bebé, ella misma...