—Mi amor, vamos a vestirnos, tenemos una invitación en la mansión de Robert —manifestó Donald muy cariñoso.
—¡Ah, ok! ¿Podrías dejarme avisar a Ruby? Para que se prepare y nos acompañe —contestó Yves, con una sonrisa.
—Ya le dije, ella vendrá por los niños ¡Ahhh, quiero que te pongas hoy, mi regalo! —respondió él, entregándole una bolsa, con el nombre de un diseñador famoso.
Yves, observando el bello, fino y elegante traje, se quedó muda, por lo que le abrazó muy cariñosamente. Ella lo besó con pasión, dejando a un lado, el regalo y concentrándose solo en él y la necesidad que sentía de que la amara. Estaba como muy...