Una vez que salió el bionalista, Robert se acercó a Karly con una amplia sonrisa, dibujada en sus labios, mostrando una hilera de perfectos dientes blancos. Ella estaba igual que él, alegre y feliz, ante esta posibilidad de estar embarazada. Él, abrazándola le comentó:
—¡Karly, mi amor! ¿Lo logramos? —preguntó él, alegre, ante esta posibilidad.
—¡Creo, que sí! Inicialmente, no reconocí los síntomas, porque casualidad que anoche me antojé de comer en ese lugar —repitiendo ella, la palabra “antojé”— Ahí está la respuesta, mi vida no soy yo, es un antojo de la beba —sonrió al decir esto.
—¡Estamos bendecidos! ¿Cómo sabes que será niña? —Preguntó él, besándola en los...