No sé en qué momento me quedé dormida en medio de todo ese caos pero Adriano me despertó haciéndome saber que teníamos que irnos.
Sin dudar me desperecé y enseguida nos fuimos a casa.
No entendí muy bien lo que los hombres de Adriano le estaban diciendo ya estaban hablando demasiado rápido y evidentemente en otro idioma que no era el mío materno sino uno aprendido como lo es el italiano.
Adriano le respondió pero no parecía demasiado contrariado.
Tomó mi mano e hizo que caminara con él hasta su auto y los demás nos siguieron a casa verificando que no estuvimos siendo seguidos otra vez.
En todo el camino...