Me desperté sobresaltada al escuchar unos disparos provenientes de afuera alertándome y mi pequeña comenzó a llorar de inmediato.
La tomé en brazos apretándola contra mi cuerpo sintiendo que mi corazón latía de forma acelerada mientras que mi pecho subía y bajaba con rapidez gracias a mi respiración agitada.
No sé en qué momento se la tarde me había quedado dormida pero a juzgar por el cielo oscuro que podía ver a través de la ventana ya era muy pasada la noche.
—Calma cariño.
No llores preciosa, todo va a estar bien, ya lo verás.
Un deje de esperanza me recorre.
En medio del caos porque sé que Adriano está...