Reconocí esa mirada que Blas le dio a Lillian. La misma mirada que Damián me dio en el bosque ese día.
El miedo comenzó a inundar el rostro de Blas.
—¡¿Cómo es esto posible?! ¡La Luna no puede ser mi mate, ya tiene uno! ¡Damián, ¿qué está pasando, qué está sucediendo?! —gritó, comenzando a entrar en pánico.
Daniela y yo nos dejamos caer en el sofá riendo. Blas se giró para lanzarnos una mirada de reproche, pero se quedó sorprendido cuando sus ojos se posaron en mí.
—¿Qué estoy viendo ahora? —preguntó Blas.
—Pues estás viendo a una mujer sexy y preciosa... y a su hermana aburrida —dijo Lillian.
Rodé...