chapter 3

chapter 3

Punto de vista de Damián

En el momento en que salí de la habitación, me arrepentí al instante de mis palabras. No me parecía peligrosa en absoluto, tenía poder, sí, pero también estaba asustada. Quién sabe cuánto tiempo habría estado sola como una loba errante, y yo estaba intentando forzarle la vida en la manada.

Desde el primer momento en que la vi, supe que era ella, mi compañera. Tenía el cabello largo, negro azabache, con una única hebra blanca que parecía desordenada y sin peinar, vestigio de sus días en el bosque. A pesar de su rostro sucio, se alcanzaban a ver las pecas, ligeramente desvanecidas, que adornaban su nariz y mejillas, algunas incluso subían por su puente nasal hasta su frente.

Aunque parecía un poco desnutrida y llevaba ropa holgada, se podían ver las curvas acentuadas de su cuerpo. Lo que más me llamaba la atención eran sus ojos, grandes, redondos y de un verde brillante. A pesar de su actitud fría, sus ojos contaban otra historia: la de una persona dulce, asustada, acostumbrada a vivir sola en un mundo hostil.

Su loba era tan hermosa como ella. Era una rara loba blanca pura que sobresalía por encima de las demás, igual que la mía. Su fuerza y velocidad parecían inigualables, y esos ojos verdes brillantes se cernían sobre su enemigo, dejando claro que también era una Alfa nacida.

Miré hacia arriba y noté que mi Beta, Blas, seguía en el pasillo con una expresión de sorpresa estampada en su rostro.

—Perdona, Blas, no debí haberte hablado así. Cuando imaginé conocer finalmente a mi compañera, no pensaba que sería ella la que me rechazaría —suspiré, derrotado.

—¿Por eso la tienes en la casa de la manada? ¿Esa loba errante es tu compañera? —preguntó, sorprendido.

Asentí con la cabeza.

—Bueno, por lo que acabo de escuchar, imagino que no está precisamente encantada con la noticia —dijo Blas.

—¿Por qué no querría estar conmigo? No he hecho nada para mostrarle que no soy digno de su tiempo, simplemente se queda allí, rechazándome —me llevé la mano a la cabeza.

—Si te sirve de algo, Alfa, creo que su mochila aún está en el bosque, de cuando intentó escapar al cambiarse. Tal vez eso te dé alguna pista de quién es —sugirió Blas.

—Haz que alguien la recupere para mí, quizás haya algo en ella que me diga más sobre ella, además de su nombre —ordené.

—Sí, Alfa —Blas se inclinó antes de alejarse.

Esta chica era peculiar. Toda mi vida, las lobas soñaban con esto, con encontrar finalmente a su compañera, su única, y muchas esperaban que fuera un Alfa. Había mujeres rogándome para que las eligiera, pero ella era diferente, no le importaba y no reaccionaba como todas las demás al encontrar a su compañero. Dijo que nunca dejaría de intentar escapar, lo que solo significaba que tenía que vigilar cada uno de sus movimientos, asegurándome de que no huyera de mí.

—Selena... —sonreí al pensar en su nombre, tan hermoso, tan hermoso como ella. Estaba decidido a convencerla de que fuera mía.

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