Carter me había concedido exactamente treinta y ocho minutos, lejos de él, para concentrarme en los nuevos contactos médicos que mi padre me presentó, si bien yo hubiera pasado toda la velada entre aquellas eminencias, había sido casi un milagro que él no me hubiera arrancado de aquel círculo mucho antes. Pero cuando llevábamos aquel tiempo discutiendo sobre las fisuras en el sistema de trasplantes de Norteamérica, sentí su mano en mi espalda baja y me quedé en silencio para volver mi atención a él.
—Creo que comenzaré a pensar en la medicina como tu amante cariño —Soltó él con aquella gracia que parecía encajar en todas partes. El grupo...