La mirada fría y nublada de Jonathan era algo que me estaba llenando de pánico, su declaración había alarmado algo dentro de mí, algo le había hecho a mis padres, cuando entendí aquello, la meticulosa paciencia que había estado ejerciendo se terminó por ir al caño.
—¡¿Qué le hiciste a mis padres?!— exigí saber.
—Me encargué de ellos para que no volvieran a interferir entre nosotros— dijo con una calma y obviedad perturbadora— Ahora estaré…
—¡¿Estás demente?! ¡¿Los mataste?!— volví a presionar, los músculos de su cuello se tensaron — ¡Dímelo Jonathan! ¡¿mataste a mis padres como un enfermo?!
Aquello fue la gota que también lo superó y en dos...