Los días parecían no mejorar, y no me refiero al estado de ánimo de Harry, sino a las tormentas y el pésimo clima nórdico que azotaba a Zúrich, mientras Lizy había podido irse la misma noche de su fiesta en el avión particular de su ahora esposo, nosotros nos habíamos ido a la cama solo para despertar durante los días siguientes, con que todas las aerolíneas habían suspendido sus vuelos por lo que durase la tormenta.
Mientras, el día anterior había logrado —Finalmente— Bajar los malditos escudos de Harry y lograr convencerlo de que era mejor ser sincero al respecto, y si bien no había dicho mucho sobre el real...