—¡Dios mío! ¡Estás hermosa! —Soltó Caroline en cuanto se asomó por la puerta de la que era mi habitación, detrás de ella entró Catherine.
—¡Freya Santísima! — Exclamó mi media hermana— Tengo tanta suerte, hace unos días solo tenía un jodido hermano insensible y ahora… Tengo dos hermosas hermanas— dijo ella con una enorme sonrisa.
Una semana después de mi disparo, finalmente, me habían dado el alta, Carter solo desaparecía por lapsus de una a dos horas diariamente y luego regresaba a mi habitación, trabajaba desde ahí, la otra mitad del día Catherine y Caroline se la pasaban viniendo con muestrarios de vajillas, vestidos, decoración, florería y un sinfín de...