A Olivia le bastó solo darme una mirada para abstenerse de levantarse y seguirme desde su propia oficina, de paredes de Vidrio, que estaba contigua a la mía, agradecía que me conociera lo suficiente para saber que no venía al caso tratar de seguirme o hacerme hablar en este minuto.
No podía, sabía qué mis últimas palabras habían herido a Liz, una parte de mí lo hizo a propósito, porque necesitaba que ella entendiera, que se diera cuenta de que el problema no radicaba por sus singularidades, era plenamente consciente de cada una de ellas, había estudiado al respecto en su ausencia. No, el problema era su falta de confianza,...