Fuimos llevados a una de las habitaciones en el tercer piso del hotel, por supuesto, todo estaba dispuesto para darnos privacidad y mantenernos seguros, lo que me preocupaba, era que durante todo ese lapsus, Lizbeth no se había soltado de mí, no es que me molestara su presencia o su tacto, por el contrario, no había mejor sensación en el mundo que su calor contra el mío, pero, cuando cerré la puerta del cuarto detrás de mí y ella seguía aferrada, con su cuerpo delgado temblando suavemente, supuse que algo no estaba bien.
—Liz… Lizbeth…— llamé, ella negó con la cabeza— Nena, mírame por favor.
Fui hasta el sofá más...