Demasiado… aquello era demasiado.
Mire luchando por contener mi incomodidad, en el bar donde Erick quería entrar, la música se escuchaba hasta afuera del local, así mismo como los gritos de las personas dentro. Cuando vi por la ventana, vi que estaban observando en pantalla plana un partido de fútbol americano.
—No estoy segura…— me aseguré que mi voz no temblara, aunque las manos en los bolsillos de mi chaqueta si lo hacian.
—¡Venga, vamos Lizy!, ¡La gente es muy animada aquí! —Erick estaba animado, como siempre… Una parte de mí odiaba aquel buen humor infinito del doctor en jefe del escuadrón de doctores sin fronteras. Tomó mi mano demasiado...