Luego de charlar unos cuantos minutos con Rose, aun en la tina, y haberme vestido gracias a su profesional ayuda junto a la ropa que me había traído, — ya la mitad de la mía había quedado hecha jirones—, finalmente, me senté en el borde de la cama mirando el pequeño bolso médico que traía.
—Dime por favor que ahí llevas algo más fuerte que ibuprofeno.— rogué, porque si bien el gua caliente había ayudado en gran medida a mis músculos adoloridos, no era suficiente para enfrentar un día de pie junto a la mesa del quirófano.
—Sí, tengo dos opciones para ti, ambas dosis medidas y recomendadas por el...