Khlem resultó ser interesante los primeros quince minutos de conversación, treinta minutos más tarde, se volvió repetitivo y finalmente, una hora después, cuando acabábamos la comida, su presencia ya era asfixiante.
Durante toda la comida, yo no había dicho más de quince palabras, la mayoría eran monosílabos y expresiones que había escuchado en algún lugar y que me parecían perfectas para responder aquello que no estaba escuchando. A él no parecía importarle, no mientras él pudiera seguir hablando de forma autorreferente respecto a sus logros en la vida.
Tal vez por eso lo noté en cuanto entró al restaurante, mi mente estaba buscando poner atención en cualquier otra cosa que...