Luego de la cena, que prosiguió en ánimos tranquilos, dónde nos dedicamos a hablar sobre aquellos vacíos que figuraban en el conocimiento de la vida del otro, Derick señaló que, gustoso me acompañaría a casa, pero la presencia de Gabriel afuera de la embajada, durante toda aquella velada, lo hizo innecesario. Nos despedimos con un corto abrazo y yo me dirigí hasta la salida donde el jefe de seguridad de la familia Johnson esperaba.
—Señorita Anderson— saludó sin decir mucho y abrió la puerta del pasajero, resignada y con una sensación amarga subí al coche, delante, Gabriel tomó el asiento del conductor. Varios coches negros aparcados en la calle comenzaron...