—Si te vuelvo a escuchar hablando así de mi hermana, necesitarás más de una prótesis dentaria.
Lo lancé con fuerza suficiente para estrellarlo contrala pared. La mano de Taylor aflojó al agarre en mi hombro. Era el tercer tipo que golpeaba en lo que iba del día -. Mis nudillos estaban adoloridos, pero disfrutaba drenar la frustración que estaba dentro de mí.
—¿Qué mierda bro? —bramó Taylor bastante enfadado—. Arregla tus asuntos antes de que acabes expulsado por andar golpeando a idiotas y me termines arrastrando contigo, porque ni por el coño caerás solo.
Se alejó caminando furioso.
Desde el rumor de mi hermana con ese tal Martín, los chismes...