Boom
Ezequiel viene hacia mí, levantando sus garras al aire para dar un golpe final y, mientras el sol refleja sobre el desastre teñido de rojo de sus afiladas garras, miro su rostro por última vez. Su forma humana, el rostro del chico que destruye mi alma con solo una mirada, y aunque ahora su mente no está detrás de ella, aún así derrite todas mis defensas. He extrañado este rostro, aunque su mente no esté presente.
Esa perfección morena de un hombre guapo, las cejas oscuras, la línea recta sobre unos ojos vacíos, sin alma. Su mandíbula cuadrada, la sutil marca de sus hoyuelos, aunque no está sonriendo, sino...