Tania
—Ya me he visto. ¡Es más bien cara roja, sudando, desordenada y sin aliento! Como si me hubieras perseguido por el piso de arriba durante cuarenta y cinco minutos y me fuera a desmayar en cualquier momento. Odio que tu madre sepa lo que hemos estado haciendo. Así que, ¡no! Cena primero, cama después. —Necesito poner mi pie en el suelo en esto, o de lo contrario, nunca me dejaría salir de nuestra cama en ninguna hora.
—Dios, eres mandona. Sabes que mi madre está al tanto de que como mates, nosotros... bueno, matamos. Es como un beneficio de estar emparejados, y está justo ahí en el título. —Intenta...