Carmela
—Siempre iba a seguir a Ezequiel; estuve allí ese día y lo vi derrotar a su padre. Intenté irme con la manada, pero mi madre... ella no quería irse conmigo, y para cuando intenté convencerla, mi padre apareció y lo terminó todo. Mi madre no es fuerte, vive a la sombra de él, es ingenua y quizás un poco demasiado inocente. No pude dejarla con él para que la machacara y la pisoteara. No sabes cómo es él. —Su voz clara, casi ronca, se quiebra un poco y la miro fijamente, viendo una pequeña grieta en la armadura de confianza que lleva puesta como un sudario.
Vacilo un poco...