Tania
—Oye, hermosa, ¿cómo estuvo tu mañana? —Ezequiel se desliza detrás de mí, rodea mis hombros con sus brazos, me da un beso en la parte posterior de la cabeza y se acomoda cerca de mí, calmando toda mi energía ansiosa con un solo toque. Mi fuerza estabilizadora, esa que me permite liberar mis preocupaciones, y casi me derrito en un charco cálido de brazos suaves. Es en estos momentos de reencuentro cuando me doy cuenta de lo mucho que lo extraño durante el día cuando no estamos juntos.
—Interesante. Carmela me buscó, largo cuento, pero envié a tu mamá a que visitara a Tania hace un rato. No está...