No lo hagas.
—¡No puedo hacerlo! —grito en angustia, fuerte y ronca, mientras quema mi garganta y mi alma grita de dolor. Sollozo, con una expresión rota, enfocada en sus ojos vacíos, aunque no tiene idea de lo que estoy diciendo. Lloro en desesperación, empujándome hacia abajo para golpearme la cara contra la tierra, enterrando mi rostro en las hojas podridas del suelo sucio y húmedo. Sé que él está sobre mí, jugando con su pequeña presa, disfrutando del lento proceso de matarme, pero siento que ya estoy muerta por dentro.
La única forma en que tendría alguna oportunidad contra él sería como loba. Y es la única opción que...