¡Podemos acabar con esto!
—Espera. —Susurro, con un tono cauteloso, sintiendo cómo el miedo y la duda se arremolinan en mi estómago al percibir la presencia de los lobos al otro lado. Sabemos que no estará solo, pero no tenemos idea de cuántos de sus secuaces quedan. Podrían ser una docena, y tal vez igualados a nuestro grupo. —Podríamos estar en desventaja numérica. —Agrego rápidamente.
—Solo hay media docena. Parece que ha perdido a muchos en el camino. —La voz de Radrigo llega suavemente desde atrás, y salto al darme cuenta de que se ha acercado tanto como para susurrarme directamente. —Ustedes cuatro me van a matar. Cole se va...