Sin Marca
—¿Cómo puede ser… cómo pudimos…? —Sierra irrumpe en mis pensamientos, tartamudeando con la voz temblorosa, y me doy la vuelta hacia ellos. Justo a tiempo para ver cómo extiende la mano y traza los rasgos de Radrigo con tal ternura que me duele el corazón. El toque del verdadero amor, y sus ojos están fijos en los de ella, pero él se contiene, sabiendo que este no es el momento ni el lugar para abalanzarse sobre su nueva compañera. Un momento privado entre ellos, un destello de comunicación no verbal, y yo desvío la mirada, instantáneamente tímida, sintiendo que necesitan ese momento.
—Leandra, ¿a dónde fuiste? ¿Cómo puedes...