Sin Marca
—Él puede venir aquí. No soy su perro. Tengo lo que él quiere justo aquí, la persona responsable. Puede venir si quiere hablar con la niña de la que dice que le importa. Si no, pelearé hasta el final contra él. —Me encojo de hombros, mostrando mi lado terco, pero no me importa.
—¿Por qué eres tan terca y cabezota? —Jasper me grita, un destello de su temperamento rompiendo su fachada, muy similar al hermano que perdía los estribos conmigo cuando me ponía testaruda. Eso solo me molesta más.
—La misma razón por la que lo eres tú, idiota. ¿Por qué diablos eres tan estúpido, tan seguro de...