Juan
No puedo apartar los ojos de Juan mientras está sentado, impotente, atado en el sucio suelo. Todos los ojos de la sala están sobre él, excepto los de Ezequiel. Él se ha girado y parece incapaz de mirarlo. Una sensación de desolación lo rodea, como una niebla densa. Siento a Sierra y Radrigo entrar por la puerta principal, seguidos de más lobos del pack, y me doy cuenta de que ahora tenemos una audiencia atenta para el destino de nuestro ex—Alfa. Se siente como si estuviéramos alcanzando algún tipo de clímax en una lucha de poder que comenzó hace mucho tiempo, en esta misma casa.
—¿Crees que has ganado...