Dentro de la montaña
—Pensé que mi ADN lobo lo hacía posible —digo, encogiéndome de hombros, con poco interés mientras lo enlazo para sentir su presencia, pero luego lo dejo estar, por si está ocupado. Solo sentirlo es suficiente, y el regreso de esa conexión me dice que él también me ha sentido. A veces hacemos esto, nos conectamos sin hablar, solo para decirnos “estoy bien” y “te siento”. Sonrío, instantáneamente calentada por la certeza de que realmente está conmigo otra vez. Con una palabra aparecería, como siempre lo hace. Lo dejo en paz, mi silencio diciéndole que siga con lo que esté haciendo, que yo estaré bien donde sea...