—Lo sé. No es tu problema. Debes odiarme, porque personas como yo te hicieron daño. Gracias por escucharme, y… lamento todo –comentó y mis ojos se llenaron de lágrimas antes de observar hacia abajo y asentir.
—Quedate… me siento sola –confesé y ella me sonrió.
—Seré su doncella y no le haré ningún daño… solamente la ayudaré –comentó y asentí con una sonrisa. Nuestros ojos se encontraron, antes de darnos un abrazo y sonreí. Para ser sincera, confiar me provocaba un escalofrío.
Nos envolvimos en un abrazo, antes de mirarnos a los ojos y reírnos. Era curiosa la manera en la que volvíamos a hablar, ella diciéndome humana tonta y...