Kiara.
Pasó exactamente un mes. Podía ver que el profesor y yo, no intercambiamos palabras. Por alguna extraña razón, aquel chico nuevo del mechon blanco, bueno no era tan difícil de adivinar, se volvió popular.
Caminaba sobre el pasillo, tenía unos tres libros en la mano. Ultimamente, a pesar de seguir soñando con mi profesor y hacer cosas que prefería no comentarles antes de dormir, me sentía feliz.
Tenía nuevos amigos, y por alguna razón no me sentía tan sola. Aunque parecía que otra persona si estaba siendo perseguida por la belleza del chico del mechon.
Al llegar y repartir los libros, la preceptora nos avisa que la profesora faltaría....