Chapter 5 5

Chapter 5 5

Dos meses después…

Kiara había regresado a la universidad. Después de encontrarla en un terreno baldío, la llevaron de urgencia a un hospital y la curaron. Sus padres, la buscaron y después de su recuperación había regresado a su vida normal.

Aunque sentía que habían lagunas en su mente, y no pudo darle demasiada información a la misma policía. Algo se había olvidado, o mejor dicho alguien.

Era su primera clase, y al parecer había un nuevo profesor. Todas las mujeres hablaban acerca de lo atractivo que era. Por suerte, había podido rendir libre lo que le faltaba debido a su situación y empezó otro trimestre nuevo.

Habían caras que no conocía, y como no era tan sociable, se sentía intimidada –Hola… —comentó una voz a su lado. Al girarse encontró un rostro amigable, con profundos ojos azules.

—Hola ¿te conozco…? –preguntó frunciendo el ceño. Su mejor amigo, David, observó a su lado a la muchacha y se quedó… estático.

Eran amigos desde niños, Kiara siempre había estado al lado de David y viceversa.

—Hola soy David –comentó tartamudeando y la chica emitió una sonrisa.

—Soy nueva, me trasladaron –comentó la chica y estiró la mano –por cierto me llamo Emilia ¿u ustedes…?

—David.

—Kiara –comentaron al unísono y ella se rió.

—Bien, ya sé cómo te llamas chico –comentó y el asintió sintiéndose sumamente nervioso. Para ser sincero, nunca había visto a una mujer tan preciosa. Estaban todos hablando y poniéndose al día.

De pronto, el silencio reinó en el ambiente. Kiara, observó con una sonrisa hacia la puerta que se abría con lentitud. Un hombre increíblemente hermoso, causó suspiros en todas las estudiantes incluida ella. Pero lo disimuló, bajando la vista y mirando solamente sus cuadernos.

—Hola alumnos, me presentó. Mi nombre es Alexander, seré su maestro en esta clase de…

Y su voz gruesa y grave, retumbó por todo el salón. Kiara, decidió observar a su alrededor, encontrándose con Emilia sonriendo, pero no baboseando por el profesor. No obstante, observó de reojo a David baboseando por Emilia.

—Hey… disimula –comentó divertida en un susurro hacia su mejor amigo. Le pegó un codazo amistoso y se rió.

—¿Hay algo gracioso que quiera compartir ante la clase, señorita? –escuchó una pregunta. Levantó la vista sorprendida y aterrada sin comprender, qué ocurría. Sus ojos se abrieron con amplitud encontrándose con ese hombre.

—Yo…

—Bien ¿alguien más quiere interrumpir mi clase? –preguntó. Kiara, esta vez pudo apreciarlo bien. Estaba vestido con un traje impecable, parecía un hombre de negocios. Tenía el cabello largo y peinado hacia atrás. Se veía más con el cabello corto, debido al peinado.

Sus ojos enormes y azules, casi blancos, parecían irreales. Al igual que el contorno hermoso de su cuerpo. Ella dio un respingo, al sentir los latidos de su corazón, acelerarse. De pronto, imaginó estar sobre el escritorio y ese profesor sobre ella… atendiéndola.

Quitándole la falda, metiendo sus manos entre sus bragas y tocándola. Luego imaginó que sus piernas se abrían y él… la penetraba. Pudo incluso imaginar el sonido de sus embestidas retumbando por todo el salón.

Gemidos.

Embestidas.

Arañazos.

Se sintió perdida y sus bragas se humedecieron, tuvo que juntar las piernas y sintió… un pequeño orgasmo al imaginarlo. Mordió sus labios e incluso… quiso tocarse ¿Qué le pasaba? Nunca le había pasado algo así con nadie.

Alexander, olfateó los fluidos desde esa distancia de aquella humana. Sus ojos se clavaron en las piernas delgadas, y se excitó. No pudo contenerse, por suerte había un gran escritorio y se sentó detrás. Mientras había ordenado a todo el salón leer unas hojas de un libro.

De vez en cuando sus ojos se cruzaban con aquellas piernas. Con la manera que mordía el lápiz entre sus labios, los suspiros que ella emitía. Y nunca se había sentido tan… posesivo. Al verla, sonriendo con ese hombre y tocándolo.

Un golpe en seco.

Kiara, observó sorprendida al frente. El profesor había golpeado la mesa, sus nudillos estaban blancos. Toda la clase, quedó en silencio.

—Había… un insecto –comentó y todos volvieron a hablar y estudiar el libro.

Kiara confusa, siguió hablando con Emilia. Le agradaba, incluso acordaron en juntarse más tarde en casa de Emilia para comenzar a realizar el trabajo practico de ese libro.

Finalmente la hora pasó. Emilia tuvo que marcharse, estaba en otra carrera, y había materias que no coincidían. Comenzaron a hablar sobre diversos temas, mientras ambos analizaban sobre diversos asuntos.

El hombre emitió una mueca. Se sentía aún muy duro, sabía que una persona podría atenderlo. Pronto salió de la clase, en cuanto terminó. Llegó al estacionamiento, y subió a su auto.

Llegó a la casa luego de varios minutos. Al abrir la puerta, desnuda en el pasillo estaba Liliana. Le había enviado un mensaje, para que estuviera a sus órdenes. La tomó del cuello, para besarla y abrir sus piernas. Ella rodeó sus caderas en torno a su cintura y comenzó a penetrarla sin dudarlo.

Estaba duro, pero aunque ella se había venido y él mordió todo su cuerpo, no podía satisfacerse. Se sintió frustrado.

—Vete –comentó y ella lo observó sorpresiva.

—Puedo…

—¡Largo! ¡No sirves ni para coger! –exclamó y ella se dio la vuelta contorneando sus caderas. El hombre, golpeó con fuerza la pared y gruñó sintiéndose frustrad y muy caliente. Bajó la mano y comenzó a masajear su enorme miembro, cerró los ojos mientras su mano subía y bajaba sobre su tronco.

Gimió, sintiéndose perdido ante su propio contacto. Pero luego de mucho tiempo, el esperma comenzó a caer al suelo y se sintió liberado. Luego recordó las piernas y el escote de aquella mujer. Volvió a sentirse duro extrañamente.

—Maldita humana –gruñó y sin querer, tomó su teléfono y en sus redes buscó su nombre hasta encontrarla. Y comenzó a tocarse mientras la veía en una foto, nunca en su vida había hecho algo así.

Él, el rey del sexo, un hombre que podía conseguir a cualquier mujer; estaba masturbándose con una foto de una simple y ridícula humana. La odió aún más y gimió cuando se vino por segunda vez luego de masturbarse hasta que el cuerpo entero le tembló.

—Maldita y asquerosa… humana ¡No significas nada para mí! –exclamó furioso, y golpeó la pared una y otra vez.

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